¿Cómo nace un director creativo interactivo?
2009

Con este título del post de hoy, lanzaba ahora hace más de un año, un tema en el foro de inusual (una interesante comunidad de profesionales de la interactividad que os recomiendo)
Con el paso del tiempo, el tema se ha ido retroalimentando de valiosos comentarios, puntos de vista, y numerosas experiencias, pero quizás lo más importante no resida en lo que uno pueda aprender leyendo su contenido, sino en lo que hay detrás de todo esto… …me refiero, a esa buena voluntad de los muchos directores creativos interactivos que sin buscar protagonismo ofrecen su visión para ayudar a un compañero con dudas. Desde aquí gracias a todos por lo compartido. Cada vez es más cierta esa frase que aprendí vía Twitter hace unos días:
“Hazte imprescindible por lo que compartes y no por lo que ocultas”
Ha pasado el tiempo, pero la esencia sigue estando ahí, ¿cómo nace un director creativo interactivo?
Desde mi punto de vista un DCI (Director Creativo Interactivo) excepcional debe nacer con ese “don” que todo genio creativo tiene, pero un DCI excepcional es una aguja en un pajar, y por lo tanto, los DCI convencionales no nacen, se hacen. Y se hacen por la simple razón que necesitan experiencia para desarrollarse.
Algunos dirán que un DCI no existe, que existen Directores Creativos que tienen la capacidad de pensar en “modo Internet”. Pero amigos, el medio online genera demasiado sesgo respecto a la publicidad tradicional, como para afirmar que un Director Creativo se va a saber desenvolver correctamente en este medio con solo cambiando el chip mental del off al on. Y es que los monólogos a los que pueden estar acostumbrados mueren en el medio online, y conocer y adaptarse a la comunicación bidireccional que ofrece lo interactivo no es tema fácil.
Si se me permite, lo interactivo es un culto que implica estar inmerso en él, que reclama una búsqueda constante, un I+D en nuevas formas y tecnologías, para conseguir plasmar ideas y que brinda desafíos constantes a todos aquellos que intentan avanzar en él. Sin duda un buen DCI debe pensar y actuar de esta forma. Es la máxima de “Saber tan poco es emocionante…”
A fin de resumen, un DCI debe entender las necesidades del cliente en el medio, con un alto nivel de conceptualización de la idea y de una alta capacidad para saber transmitirla a su equipo para que ésta sea plasmada de la mejor manera posible. Sin dejar de lado, dos puntos que muchos olvidan en estos tiempos: el compromiso de trabajar hacia el cliente y por el cliente, y el de entender que no es “uno” sino “unos”, puesto que el DCI generalmente se sustenta en especialistas. No hay dos iguales, y no todos tienen las mismas cualidades, pero si creo que tienen un denominador común:
alta experiencia que crea sinergía con la experimentación, que sutilmente es potenciada con formación e impulsada por altas dosis de motivación.











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